sábado, 21 de marzo de 2020

Mátame Coñaripe

A los veinticinco me fui a Coñaripe a acampar.
Caminé por la playa del lago Calafquén en dirección contraria al Volcán Villarrica, en mi cabeza habían muchas preguntas sin responder, habían también muchas fotografías que ya había visto en alguna otra parte y delante mío caminaba alguien que de cierta manera guiaba mi camino, pero no fue tan así.
Caminar sobre la arena y con una mochila cargada es un poco agotador, pero más cerca que lejos se asomaba un bosque que sería mi refugio en esa estadía sureña.
La carpa quedó refugiada bajo el alero de unos árboles que gentilmente tenían sus ramas en una posición perfecta para refugiar de la lluvia y del viento a una carpa de mala calidad, bajo de ella un colchón de hojas amortiguaba un poco el duro suelo sureño.

¡Perdimos a uno!, se escuchó en la madrugada, -teniente Dan, perdimos a uno-! y unas risas ebrias de vino blanco en caja se oían a lo lejos - weón llévenlo a la carpa, este loco no da más-
media hora más tarde se escuchaba un pobre arpejio, reconocí la canción mientras me balanceaba entre el limbo de dormida y despierta- La rata blusera pensé-. Y me acordé de la vez que fui hasta tu pieza y estabas escuchando Santa Lucía, sentada allí mareada por las bálticas de a quinientos, el humo de los cigarrillos y las primeras mentiras.

-Esta canción se llama Santa Lucía-, explicaba el punky que era profesor de educación física en algún colegio municipal de Renca, o algo así. - con esta canción aprendí lo que significa futil- explicó mientras rasgueaba.
Tu mano brazo rodeaba mi cintura y el sonido de tu respiración sonaba a un sueño profundo, yo me sentía contenta porque al fin podías dormir en la noche y vivir en el día.